La Ley de Prevención de Víctimas de Trafico y Violencia (VTVPA) del 2000 (Pub. L. No. 106-386, 114 Stat. 1464-1548 (2000)) fue promulgada para fortalecer la capacidad de las agencias policiales para investigar y procesar delitos o crímenes graves ofreciendo al mismo tiempo protección a las víctimas de esos crímenes sin el riesgo inmediato de ser expulsados del país. Reconociendo que las víctimas sin estatus legal pueden tener miedo a reportar crímenes o ayudar en la investigación o procesamiento de crímenes, el Congreso creó el programa de la Visa U.

La visa U es un beneficio de inmigración para las víctimas de ciertos delitos graves que cumplen con los requisitos de elegibilidad. (INA 101 (a) (15) (U)). Usted puede ser elegible para los beneficios de inmigración bajo la visa U si usted (1) es la víctima directa o indirecta de un delito calificado que ocurrió en los Estados Unidos; (2) a sufrido abuso físico o mental sustancial como consecuencia de haber sido víctima de un delito; (3) tiene información sobre el delito; y (4) fue útil, o está ayudando, o puede ayudar a los agentes de ley, fiscales, jueces u otros funcionarios en la detención, investigación, enjuiciamiento, convicción o sentencia de la actividad criminal.

Un delito grave incluye, pero no se limita, a un rapto, contacto sexual abusivo, violencia doméstica, agresión criminal, secuestro, homicidio, asesinato, obstrucción a la justicia, perjurio, prostitución, violación, agresión sexual, acecho, tortura, manipulación de testigos, etc. y actividades relacionadas a estos delitos (incluyendo intento, conspiración o solicitación para cometer cualquiera de los delitos mencionados y otros relacionados).

Si es elegible, la visa U permite que la víctima de un delito (o, en el caso de homicidio o asesinato, a ciertos familiares de la victima) permanezca y trabaje temporalmente en los Estados Unidos, generalmente por cuatro años. Además, ciertos miembros de la familia del titular de la visa U también pueden ser elegibles para vivir y trabajar en los Estados Unidos como beneficiarios derivados, incluyendo  hijos solteros menores de 21 años, cónyuge, o los padres o los hermanos solteros menores de 18 años si el titular de la visa U es menor de 21 años. Si se cumplen ciertas condiciones, el titular de una visa U puede solicitar la residencia permanente después de tres años.

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About Marie Wood

Marie is licensed to practice law in the State of California and throughout the United States in federal immigration matters. She is admitted to all California state courts, the Central, Eastern, Northern, and Southern District Courts, and Immigration Courts. Marie joined Reid & Hellyer in 2016 and practices immigration law and transactional law. She has also represented individuals and lending institutions in civil litigation matters from inception of the case to post-judgment matters, and in exercising creditor rights in bankruptcy court. Marie immigrated to this country at a young age, and is fluent in Spanish. As an immigrant, she has personal knowledge of the emotional and financial struggles faced by individuals and families during the immigration process. This personal experience is what encouraged her to become an immigration attorney. Throughout the years she has volunteered countless hours at legal clinics and other events in which she has offered pro bono legal services in both immigration and civil matters. She is also a professor and teaches legal and business courses at Palomar Community College and is a guest speaker at California State University, San Marcos. Marie is the 2016 vice-president and 2017 president-elect of the Southwest Riverside County Bar Association. She is also a member of the American Immigration Lawyers Association (AILA), the AILA San Diego Chapter, the Riverside and North County Bar Associations, and the Fiorenzo V. Lopardo Chapter of the American Inns of Court. Marie received her Juris Doctor degree from Thomas Jefferson School of Law in 2009, where she graduated magna cum laude. While attending law school, she was a Notes Editor of the Thomas Jefferson Law Review, and a member of Phi Alpha Delta, the country’s oldest legal fraternity.

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